1. Un precio que baja no es un daño
Página 1 / 71. Un precio que baja no es un daño
El equilibrio de la lección anterior igualaba la relación marginal de sustitución al producto marginal. Eso alcanza el plan de la persona cuando todo lo que importa tiene un precio: el consumo, el ocio, el trabajo. El primer teorema no sobrevive a un efecto que entra en la utilidad o en la tecnología de alguien y no entra en ningún precio. Ese efecto es una externalidad técnica. El nombre largo importa porque hay otro efecto, parecido en la conversación y distinto en la cuenta, que no es un fallo.
Una externalidad pecuniaria es un efecto que viaja por un precio. Si entra un competidor y el precio del producto baja, los clientes ganan y el vendedor antiguo pierde. Ese traslado ya está dentro del excedente del consumidor y del excedente del productor. No sobra un triángulo por el mero hecho de que a alguien le haya bajado el margen. La caja de intercambio está llena de efectos pecuniarios: cuando el precio pasa de 2 a 1, Ana y Bruno cambian de cesta, y eso no es una externalidad que el teorema haya olvidado. Es el mecanismo del teorema.
Una externalidad técnica no viaja por un precio. El humo, el ruido o la congestión entran en la utilidad del vecino, o en su tecnología, y el mercado del bien que los causa no les pone un renglón. Quien produce iguala su coste privado al precio. Quien sufre el daño no cobra. Las pendientes que se igualan son las privadas. Las que importan para el plan conjunto son las sociales. El equilibrio puede ser competitivo en el sentido estrecho —todo el mundo toma los precios que existen— y aun así quedar fuera del plan, porque el precio que faltaba no existe.
El aula de esta lección no reutiliza ni la caja ni las 6 horas. Hay un mercado de un bien con demanda
y coste marginal privado constante e igual a 20. Cada unidad, además, impone un daño de 10 a terceros. Ese 10 es constante, de aula, y no es un tipo de un impuesto real ni una estimación de ningún sector. El coste marginal social es 30: los 20 que paga quien produce y los 10 que paga otro.
La competencia, si ignora el daño, pone el precio en 20 y vende . El óptimo social pone el coste social de 30 frente a la demanda y vende , a un precio de 30. Diez unidades de diferencia. En esas diez, quien compra valora el bien entre 30 y 20, y la sociedad paga 30. Se producen unidades cuyo valor está por debajo de lo que cuestan de verdad.