1. Contratar es comprar un producto marginal
Página 1 / 71. Contratar es comprar un producto marginal
Micro I ya igualó el salario al valor de lo que añade el último trabajador, en una planta que tomaba el precio del producto como dado. Allí , el salario era 4 y, a un precio de producto de 20, la planta contrataba 25 personas porque el último aportaba justo 4 euros de ingreso. Esta lección saca esa condición del interior de una planta y la pone en un mercado de trabajo, donde el salario no está escrito de antemano: sale del cruce de quien quiere contratar y de quien quiere trabajar.
El aula es nueva. No reutiliza el 4 ni el 25, para no arrastrar el fijo de aquella planta a un mercado entero. El valor del producto marginal de la industria, la demanda de trabajo cuando las empresas venden el producto en competencia, es una recta:
es el empleo, en las unidades de este ejemplo. es el salario de una unidad. La recta baja porque el producto marginal baja, o porque vender más producto baja su precio, o por las dos cosas. Aquí no se separan: la demanda ya viene como el valor de ese producto marginal. A empleo 0 la primera unidad valdría 100. A empleo 100 no vale nada. Son números de aula.
Del otro lado, quien ofrece trabajo pide más salario para soltar más horas. La oferta de este mercado es:
A salario 4 se ofrece la primera unidad, o casi: el cruce con el eje es 4. Cada unidad adicional de empleo exige un salario un euro más alto. Esa pendiente recoge, en un solo trazo, que el ocio se vuelve más caro cuando el salario sube y, a la vez, que una renta más alta empuja a tomar más ocio si el ocio es normal. Cuando la oferta sube, como aquí, el primer efecto gana. No es una elasticidad de un país. Es la oferta que hace cerrar las cuentas en enteros.
La empresa competitiva en el mercado de trabajo contrata mientras el valor del producto marginal cubra el salario, y no más. Para ella el salario es un dato. La industria, junta, es la que lo determina.