1. El seguro de la lección anterior veía los dos estados
1. El seguro de la lección anterior veía los dos estados
La lotería de 16 y 4 tenía una sola persona, una probabilidad de un medio conocida por todos, y un seguro que cobraba 6 porque la pérdida esperada era 6. Nadie podía fingir ser más arriesgado para comprar barato, ni volverse más arriesgado después de firmar. El precio igualaba utilidades marginales entre estados porque el estado se veía. Esta lección quita esa hipótesis. El precio deja de ser un mensajero fiel cuando una de las partes ve algo que la otra no puede ver.
Hay tres fallos, y no son el mismo. La selección adversa ocurre antes del contrato: quien acepta vender, o quien acepta asegurarse, no es una muestra al azar de la población. Es quien más gana con el precio que se ha anunciado, y ese suele ser quien la otra parte habría querido cribar. La señalización es un gasto que el informado hace para distinguirse, aunque el gasto no mejore el objeto. El riesgo moral ocurre después de firmar: el esfuerzo, que ya no se observa, cae si el contrato no lo paga.
Ninguno de los tres usa las horas de la producción, ni el daño de 10, ni la farola. Cada uno tiene su aula. Tampoco se reabre el menú de discriminación de precios de Micro II. Allí quien vendía veía dos demandas y les ponía dos precios. Aquí quien compra no ve el tipo, y el precio único selecciona el tipo. La frase se parece. La información está del otro lado.
El primer teorema exigía mercados para todo lo que entra en la utilidad. Un atributo escondido es un mercado que falta, igual que faltaba el mercado del humo. La diferencia es práctica. El humo se puede medir y gravar con un 10 de aula. La calidad de un coche usado, o el cuidado de quien ya está asegurado, no se grava con un tipo leído en una demanda. El contrato tiene que hacer que el informado se delate o se esfuerce. A veces lo consigue. A veces el mercado se queda solo con los limones.